miércoles, 20 de enero de 2016

Rompiendo y reconstruyendo personas

La clase de ciudadanía se ha centrado en el debate del respeto al prójimo y por prójimo no debemos entender solo a las personas sino a los animales, a las plantas, a los objetos, a nuestra comunidad...

Han surgido varias situaciones personales que hemos ido comentando y desglosando hasta que ellos mismos han sacado la palabra "acoso".


Ante lo complejo de la situación les he propuesto la siguiente dinámica.

Hemos creado un "muñeco/a" en un papel en blanco.
Algo simple sin detenernos en detalles físicos concretos.



Tras unos momentos delante del papel les he pedido que en silencio imaginaran su nombre, su historia, sus aficiones, sus debilidades, sus experiencias, su juego o color favorito...

Tras ese minuto de silencio debíamos arrugar la hoja cada vez que la insultábamos o faltábamos al respeto.
En este punto todos hemos participado insultando, rasgando, rompiendo esa hoja de papel.
Se podía intuir que algunos niños y niñas comprendían lo que estábamos haciendo; mientras, otros en estos momentos de encuentro grupal se animaban y divertían del insulto.

Tras tener las manos llenas de papeles rotos les he pedido que volvieran a reconstruir ese "muñeco" tal y como estaba al comienzo.
Ha habido mil y un intentos por darle forma y se han sucedido frases como:

  • No sé a qué parte corresponde este trozo
  • Se me ha perdido un trozo de papel
  • Por mucho que lo estiro no vuelve a su sitio
  • No sé ni como lo he roto tanto
  • Yo no quería romperlo
  • No puedo hacerlo
  • ...




Ha sido en este momento en el que ha surgido la reflexión de grupo:
  • Qué fácil y qué divertido puede parecer faltar al respeto a una persona
  • Qué rápido se rompe una persona y qué difícil es que vuelva a ser como era
  • No volverá a ser como al comienzo
  • Conservará roturas aunque no las veamos
  • Quizás viva siempre rota
  • ...

Otra conclusión que hemos añadido es que siempre vemos el acoso desde la perspectiva de que "podríamos ser la víctima" pero sin darnos cuenta también "podríamos ser el agresor" y en muchas más ocasiones el "observador".
Este último no se involucra y lo sabe todo pero no ayuda, por lo que ejerce también una forma de agresión aunque sea pasiva.


Estas y otras muchas conclusiones han surgido en clase, pero mejor dejemos esta entrada abierta para que al leerla y quedarte con esta última foto en tu retina tengas tus propias conclusiones.